sábado, 15 de junio de 2013

El hielo y fuego

El casting había terminado y ya solo quedaba esperar a que llamasen a los seleccionados. La exitosa serie de juego de tronos llegaba a su sexta temporada y necesitaban extras para rodar su escena en Córdoba. Era la oportunidad perfecta para Patricia Lucena, fan acérrima de los libros de G.R.R. Martin, podía ver uno de sus deseos realizados saliendo en la serie. La actuación implicaba un desnudo integral, lo que no era de extrañar tras la trayectoria que seguía.

Por fin, una semana después de presentarse al casting la llamaron para decirle que estaba admitida, comenzaría a grabar en un par de días y se metería en la piel de una leal seguidora de la Khaleesi. Al ver a la guapísima Emilia Clarke justo en frente se le erizaron los vellos, y continuar observando a los demás actores del reparto que tantas veces había podido ver tras la pantalla hizo que le temblaran las piernas. Aunque deseara con todas sus fuerzas salir en la serie era tremendamente vergonzosa. Consideraba que el momento requería un acto de coraje y decisión, enseñarle las tetas al mundo.

El papel era sencillo, solo tenía que acercarse a la Khaleesi con ropajes bien anchos y holgados, y hacer como que hablaba detrás suya con otras chicas mientras se desnudaban para los hombres. "La escena al menos no es de sexo" pensaba. "apenas se fijarán en mi, estoy en segundo plano" se repetía.

El rodaje acabó sin complicaciones, ni el frenético pulso de Patri había estropeado la toma, la naturalidad con la que salió hizo que se sorprendiera a ella misma. Evidentemente, no pasó tan desapercibida como pensaba. En Córdoba era toda una celebridad, las personas que asistieron al rodaje la reconocían por la calle y el boca-oreja, terminó por hacer saber al resto de la ciudad que ella participó en la serie.

Entre todas estas personas se encontraba un curioso chico. Participó como ayudante de cámara en el rodaje y al ver a Patri se quedó prendado, al verla con los ropajes de la serie se enamoró y al verla desnuda sabía que tenía que ser suya. Planeaba su día a día para tropezar con ella y encontrarla donde pudiera. la seguía en twitter, no dejaba de ver su facebook y tenía controlados a todos sus amigos. Vivía por y para ella y decidió que tenía que dar el paso y presentarse.

Una calurosa tarde en la que Patri había salido a comprar se topó de bruces con el chico. Este, con la mirada propia de un loco apenas logró articular palabra y escupió balbuceando lo que pretendía ser un "hola". Patricia torció la cara mirando raro al chico y excusándose rápidamente para irse. Aceleró el paso, dejando tras de sí a un corazón roto en mil pedazos, con el rostro descompuesto y la mirada fija en la espalda de Patricia. Una mente diabólica que maquinaba el plan para conseguir estar junto a ella, para siempre.

Dos noches más tarde, Patricia salía de fiesta con sus amigas. Los pubs estaban a rebosar y tras dos copas ya se sentía mareada. El alcohol que había bebido no era tan fuerte como para hacerla sentir así. Salió fuera a despejarse y vio, entre manchas negras que iban nublando su vista al chico de hacía unos días. Sonriendo. Acercándose. Agarrándola.

Ahora cuelga desnuda en la pared del sótano de un pervertido que ríe desquiciado su mayor trofeo, la prueba de su locura.

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